Entonces, de repente, surgida de la oscuridad, llegó la música. Era música humana, pero de un salvajismo y una extrañeza que desconcertaron al muchacho mientras aleteaba y danzaba sobre las apagadas aguas rojas del pantano.
Éste dudó, y luego, impelido por una extraña fuerza, abandonó la carretera y se adentró en el bosque del pantano, encogiéndose, pero siguiendo la canción con avidez y olvidando a medias su miedo. Una nota más áspera y estridente irrumpió como si fuera de muchas voces más rudas; pero por encima de ella volaba la primera música dulce, semejante a un pájaro, abandonada, y el muchacho se deslizó más cerca.
La cabaña se acurrucaba, harapienta y negra, al borde de unas aguas negras. Una vieja chimenea se inclinaba borrachamente sobre ella, rugiendo con fuego y humo, mientras a través de las rendijas titilaban destellos rojos de calidez y salvaje alegría.
Entre un jolgorio de gritos y ruido, la música cesó de repente. Roncos gritos entrecortados y estallidos de risa sacudieron la vieja choza, y mientras el chico se quedaba allí escudriñando a través de los árboles oscuros, de pronto la puerta se abrió de par en par y un torrente de luz iluminó el bosque.
Amid this mighty halo, as on clouds of flame, a girl was dancing.
She was black, and lithe, and tall, and willowy. Her garments twined and flew around the delicate moulding of her dark, young, half-naked limbs.
A heavy mass of hair clung motionless to her wide forehead. Her arms twirled and flickered, and body and soul seemed quivering and whirring in the poetry of her motion.
Mientras bailaba cantaba. Él oyó su voz como antes, aleteando como la de un pájaro en la plena dulzura de su música absoluta. No era tonada ni melodía, era solo música informe, sin límites.