Caminó sobre mundos, y mundos de mundos, y oyó allí, en su pequeña habitación, el paso de los ejércitos, los peanes de la victoria, el quebranto de los corazones y la música de las esferas.
La señora ¬ÝVanderpool la observó un momento.
«Zora», rompió ella de pronto la concentración de la muchacha, «¿cómo te gustaría ser embajadora en Francia?»