Smith, contemplando la puerta con aire casi nostálgico.
La campaña avanzaba. El Comité Nacional Republicano decía poco sobre la revuelta negra y aparentaba ignorarla. Los periódicos guardaban silencio.
Bajo esta calma, sin embargo, la actividad se redobló. Los negros prominentes fueron catalogados cuidadosamente, contactados por carta e influenciados personalmente. Los periódicos negros fueron subvencionados discretamente y comenzaron a ridiculizar y reprochar a los nuevos líderes.
A medida que avanzaba el otoño, se celebraron mitines en Washington y en las pequeñas poblaciones. Se proyectaron otros cada vez más grandes, y Alwyn fue empujado más y más hacia la primera línea. Se estaba convirtiendo en un orador sumamente eficaz. Poseía la voz, la planta, las ideas y, sobre