inmóvil‚ÅÝ‚Äîaún escrutando a la señorita Taylor de arriba abajo‚ÅÝ‚Äîdijo con lenta parsimonia:
«Te odio».
La maestra que había en la señorita Taylor se esforzó por reprobar este saludo poco convencional, pero la mujer que había en ella habló primero y preguntó casi antes de darse cuenta—‚Äî
„¿Por qué?“