La señorita Smith levantó las manos con impaciencia.
„¡Pero sant cielo! ¿Dónde, Zora? ¿Dónde podemos conseguir tierra, si Cresswell es dueños de cada pulgada y está empeñado en destruirnos?“
Zora se sentó abrazándose las rodillas y mirando por la ventana hacia las sombrías murallas del pantano. En sus ojos yacía dormida la locura de antaño; en su cerebro danzaban todos los sueños y visiones de la infancia.
„Estoy pensando —murmuró— en comprar el pantano”.