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nydus/The Quest of the Silver FleecePublic
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XXXVII. La turba

La turba

Cuando Emma, la hija de Bertie, regresó a casa tras un curso de estudios de dos años, había pasado de la infancia a la juventud. Era de tez blanca y cabello rubio ceniciento. No era hermosa y parecía frágil; pero también se veía dulce y bondadosa, con esa inocencia peculiar que se asoma al mundo con ojos tranquilos y redondos, sin ver maldad alguna, y que cumple metódicamente con su labor sencilla de todos los días. Zora la acogió como a una hija, la señorita Smith le encontró mucho que hacer y Bles la consideraba una buena muchacha. Pero la señora Cresswell la encontró perfecta y comenzó a planear cómo casarla. Pues Mary Cresswell, con la inquietud y la infelicidad de una mujer sin ocupación, intentaba enmendar sus errores pasados.

Su humillación tras el episodio en Cresswell Oaks había sido total. Le parecía que la causa original de su castigo vital residía en su incomprensión persistente de la gente negra y su problema. Zora se le apareció bajo una luz nueva y glorificada: una mujer enérgica y abnegada. Sabía que Zora se había negado a casarse con Bles, y esto de nuevo le pareció adecuado. Zora no había nacida para el matrimonio; era una líder nata, desposada con una gran causa; hacía tiempo que había superado el afecto de muchachos. Era el tipo de mujer que ella misma podría haber sido de no haberse casado.

Alwyn, por su parte, necesitaba una esposa; era un muchacho grande y viril, que requería una compañera sencilla y afectuosa. No bien vio a Emma, estuvo segura de que esta era la esposa ideal. Se comparó con Helen Cresswell. Helen era una esposa y madre complaciente porque estaba preparada para el puesto y era feliz en él;

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