He paused uncertainly at a parting of the paths, crying:
„¡Zora! ¡Zora!“ como por un alma en pena. „¡Zora! ¡Zora!“ resonó el grito, débilmente.
De repente la música cesó; se hizo un silencio largo y de gestación lenta; y luego, con un aleteo, ella estaba de nuevo a su lado, riéndole en los oídos y clamando con voz burlona:
„¿Tienes miedo, cariño?“
Él vio en sus ojos dulces anhelos, mas no pudo decir nada. Solo pudo apretar su mano con fuerza, y de nuevo corrieron lad abajo a través del bosque.
De repente el pantano cambió y se enfrió en una opaca grisura; altos y apagados árboles comenzaron a mirar desde lo alto las aguas turbias; y largos jirones colgantes de lágrimas semejantes a musgo goteaban de los árboles a la tierra.
Lenta y cautelosamente fueron abriéndose paso.
—¿Estás segura del camino, Zora? —preguntó él con ansiedad en otra ocasión.
—Podría encontrarlo dormido —respondió ella, avanzando con paso firme y saltarín. Él continuó sujetándole la mano con fuerza, y su propio ritmo no decayó en ningún momento. A su alrededor, el yermo gris y mortecino se oscurecía. Sintieron y vieron la fría y blanca niebla alzarse lentamente del suelo, y las aguas volviéndose cada vez más negras y caudalosas.
Por fin llegaron a lo que parecía el fin. Silencioso y sombrío, el bosque medio muerto, con su musgo fantasmal, se