Muy poco después de cenar, Charles Smith se disculpó y se retiró. Todavía no estaba hecho a los usos de la alta finanzas, y el programa de los barones del algodón, tal como se había expuesto aquel día, le pesaba en la conciencia, a pesar de toda su filosofía.
—He tenido un... día ajetreado —le explicó a la señora ¬ÝGrey.