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nydus/The Quest of the Silver FleecePublic
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XI. The Flowering of the Fleece

errores iban desapareciendo; sin embargo, no se habían marchado del todo, sino que regresaban en tropel en momentos de emoción. En otras ocasiones revestía el discurso nítido y correcto de la señorita Smith con acentos sureños más suaves. Se estaba alejando de él de un modo intangible hacia un mundo superior de vestimenta, lenguaje y modales, y aquel nuevo pensamiento le resultó doloroso.

Y así fue como el Vellón se levantó, se expandió y creció hasta alcanzar su espléndida floración; y así fue como aquellos dos niños crecieron con él hacia la suya. Zora nunca olvidó cómo encontraron la primera flor blanca en aquel mar verde y ondulante, ni su bajo grito de placer y el alegre grito de júbilo de él. Lenta, maravillosamente, las flores se extendieron —campanas blancas, azules y púrpuras, ocultándose con timidez, resplandeciendo lozanas entre las hojas de terciopelo—; hasta que un día —fue tras una lluvia sureña y la luz del sol titilaba a través de la mañana— todo el Vellón estaba en flor —un poderoso mar oscilante, de una riqueza sombría y ondulante, y sobre él motas y estrellas de espuma blanca y púrpura—. La alegría de ambos ansiaba tanto expresarse que estallaron en un canto; no la alegre y alocada canción de los pies danzantes, sino una melodía baja y dulce de los padres de los padres de ella, en la cual la propia voz profunda de Alwyn encajaba armoniosamente en una cadencia menor.

La señorita Smith y la señorita Taylor, que estaban clasificando el correo, los oyeron cantar mientras salían del pantano. La señorita Taylor los miró y luego miró a la señorita Smith.

Pero la señorita Smith se quedó pálida y rígida con la primera carta abierta en la mano.

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