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nydus/The Quest of the Silver FleecePublic
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XXIX. Un amo del destino

escritas‚ÅÝ‚Äîno más‚ÅÝ‚Äîsin dirección, sin firma; simplemente las palabras:

«No importa cuán estrecha sea la puerta, cuán cargado de castigos el pergamino; soy el amo de mi destino, soy el capitán de mi alma».

Él contempló las líneas. Las once… las doce… la una…, dio con su voz ronca el reloj del exterior, antes de que Alwyn se fuera a la cama.

La señorita Wynn había montado una vigilia casi igual de larga. Sabía que Bles tenía amigos influyentes que habían urgido su ascenso; tal vez fuera prudente alistarlos. Antes de quedarse dormida, había decidido hablar con la señora Vanderpool. Por el senador Smith se había enterado de que la dama mostraba un interés especial por Alwyn.

La señora ¬ÝVanderpool escuchó la historia de la señorita Wynn al día siguiente con cierta consternación interior. La verdad es que la amplitud y la profundidad de las intrigas en esta ciudad casi la asustaban a medida que se adentraba en el fango.

Le había prometido a Zora que Bles recibiría su recompensa en condiciones que no hirieran su virilidad. Parecía algo fácil, casi obvio, de prometer en aquel momento.

Sin embargo, ahí estaba esta joven tan inusual pidiendo a la señora ¬ÝVanderpool que usara su influencia para hacer que Alwyn doblara la cerviz. Ganó tiempo.

‚ÄúPero no conozco al señor ¬ÝAlwyn.‚Äù

„Pensé que

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