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nydus/The Casebook of Sherlock HolmesPublic
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La aventura de los Tres Frontones

“Bien puede resultar el final de una historia extraña —dijo Holmes—. Ha observado el número en la parte superior de la página. Es el dos cuarenta y cinco. ¿Dónde están las otras doscientos cuarenta y cuatro páginas?”.

—Bueno, supongo que los ladrones se habrán llevado eso. ¡Mucho provecho les haga!

—Parece una cosa extraña entrar a robar en una casa con el fin de llevarse unos papeles como esos. ¿Le sugiere algo a usted, inspector?

“Sí, señor, sugiere que en su prisa los bribones se limitaron a agarrar lo primero que tuvieron a mano. Les deseo que disfruten de lo que se llevaron”.

—¿Por qué habrían de ir a las cosas de mi hijo? —preguntó la señora Maberley.

—Bueno, no encontraron nada de valor en la planta baja, así que probaron suerte arriba. Así es como lo interpreto yo. ¿Qué opina usted, Mr. Holmes?

—Debo pensarlo bien, inspector. Venga a la ventana, Watson.

Luego, mientras permanecíamos juntos, leyó el fragmento de papel. Empezaba a mitad de una frase y decía así:

… su rostro sangraba considerablemente a causa de los cortes y los golpes, pero eso no era nada comparado con el sangrado de su corazón al ver aquel hermoso rostro, el rostro por el cual había estado dispuesto a sacrificar su propia vida, contemplando su agonía y su humillación. Ella sonrió⁠ —¡sí, por el cielo!—, sonrió, como la demonio sin corazón que era, mientras él alzaba la vista hacia ella. Fue en ese momento cuando el amor murió y nació el odio. El hombre debe vivir para algo. Si no es para vuestro abrazo, milady, entonces sin duda lo será para vuestra perdición y mi más completa venganza.

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