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nydus/The Casebook of Sherlock HolmesPublic
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La aventura del ilustre cliente

zapato esta vez. El estudio exterior es el que tiene la vajilla china; una gran vitrina entre las ventanas. Luego, detrás de su escritorio, está la puerta que lleva al estudio interior, una habitación pequeña donde guarda papeles y cosas”.

“¿No le teme a los ladrones?”

“Adelbert no es ningún cobarde. Ni su peor enemigo podría decir eso de él. Sabe cuidarse solo. Por la noche hay una alarma antirrobo. Además, ¿qué puede llevarse un ladrón, a menos que se largue con toda esta vajilla tan fina?”

—No sirve —dijo Shinwell Johnson con la voz tajante del experto—. Ningún perista quiere género de esa clase que no se puede fundir ni vender.

—Así es —dijo Holmes—. Bien, ahora, señorita Winter, si tuviera a bien pasar por aquí mañana por la tarde a las cinco, pensaré mientras tanto si su propuesta de ver a esta señora en persona se puede llevar a cabo. Le estoy sumamente agradecido por su colaboración. No hace falta que diga que mis clientes se mostrarán generosos...

“Nada de eso, mister Holmes —exclamó la joven—. No busco dinero. Déjeme ver a este hombre en el fango, y habré conseguido todo por lo que he trabajado; en el fango y con mi pie sobre su maldito rostro. Ese es mi precio. Cuentue conmigo mañana o cualquier otro día, siempre y cuando le siga la pista. Porky aquí puede decirle dónde encontrarme siempre”.

No volví a ver a Holmes hasta la noche siguiente, cuando cenamos una vez más en nuestro restaurante del Strand. Se encogió de hombros cuando le pregunté qué suerte había tenido en su entrevista. A continuación me contó la historia, que yo relataría de este

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