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nydus/The Casebook of Sherlock HolmesPublic
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La aventura del comerciante de colores retirado

punto que esperaba, y me quedé a solas haciendo guardia en la casa de mal agüero. Sin embargo, en menos tiempo del que había dicho, Holmes estaba de vuelta, en compañía de un avispado y joven inspector de policía.

—He dejado que Barker se encargue de los trámites —dijo Holmes—. No habías conocido a Barker, Watson. Es mi odiado rival en la costa de Surrey. Cuando dijiste que era un hombre alto y moreno, no me fue difícil completar el retrato. Tiene varios buenos casos en su haber, ¿no es así, inspector?

—Ciertamente ha intervenido varias veces —respondió el inspector con reserva.

—Sus métodos son irregulares, sin duda, como los míos. Los irregulares son útiles a veces, ya sabe. Usted, por ejemplo, con su advertencia obligatoria de que todo lo que dijera sería usado en su contra, jamás podría haber llevado a este granuja a hacer lo que es prácticamente una confesión.

—Quizá no. Pero llegamos allí de todos modos, señor Holmes. No se imagine que no nos habíamos formado nuestras propias opiniones sobre este caso, y que no le habríamos puesto las manos encima a nuestro hombre. Nos disculpará si nos sienta mal que usted se meta con métodos que nosotros no podemos usar, y nos robe así el mérito.

—No habrá tal robo, MacKinnon. Le aseguro que me anulo a partir de ahora y, en cuanto a Barker, no ha hecho otra cosa que lo que yo le ordené.

El inspector parecía considerablemente aliviado.

—Es usted muy amable, señor Holmes. Las alabanzas o las críticas poco le pueden importar a usted, pero para nosotros es muy diferente cuando los periódicos empiezan a hacer preguntas.

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