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nydus/The Casebook of Sherlock HolmesPublic
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La aventura del hombre que trepaba

La hija, no obstante, tenía otros puntos de vista, y ya había varios candidatos para su mano que, si bien eran menos convenientes desde un punto de vista mundano, al menos eran más afines en cuanto a edad. A la muchacha parecía agradarle el profesor a pesar de sus excentricidades. Tan solo la edad se interponía en el camino.

Por entonces, un pequeño misterio nubló de repente la rutina normal de la vida del profesor.

Hizo algo que nunca antes había hecho. Salió de casa sin dar indicación alguna de adónde iba. Estuvo fuera quince días y regresó con un aspecto bastante ajado por el viaje. No hizo alusión alguna al lugar donde había estado, a pesar de ser por lo general el más franco de los hombres.

Sucedió, sin embargo, que nuestro cliente aquí presente, el señor Bennett, recibió una carta de un compañero de estudios en Praga, en la que decía que le había aleccionado ver allí al profesor Presbury, aunque no había podido hablar con él. Solo de este modo se enteró su propia familia de dónde había estado.

“Ahora llegamos al punto. A partir de ese momento se operó un extraño cambio en el profesor. Se volvió huidizo y astuto. Quienes lo rodeaban tenían siempre la sensación de que ya no era el hombre que habían conocido, sino que estaba bajo alguna sombra que había oscurecido sus mejores cualidades. Su intelecto no se vio afectado. Sus conferencias fueron tan brillantes como siempre. Pero siempre había algo nuevo, algo siniestro e inesperado. Su hija, que le era muy devota, intentó una y otra vez restablecer la antigua relación y penetrar tras esa máscara que su padre parecía haberse puesto. Usted, señor, según tengo entendido, hizo lo mismo, pero todo fue en vano.

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