secarse, y así a mi vez me indujo a creer que nunca había estado en el agua. ¿Por qué, entonces, se me habría de ocurrir el ataque de alguna criatura acuática? Ahí fue donde me descarrié. Bien, bien, inspector, a menudo me he atrevido a bromear con ustedes, los caballeros de la policía, pero la Cyanea capillata estuvo a punto de vengar a Scotland Yard.
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La aventura de la melena de león
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