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nydus/The Casebook of Sherlock HolmesPublic
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La aventura de la inquilina con velo

A veces tuvo que esforzarse mucho para cosechar el fruto, a veces este cayó fácilmente en su regazo. Pero las tragedias humanas más terribles a menudo se hallaban implicadas en aquellos casos que le brindaron las menores oportunidades personales, y es uno de estos el que ahora deseo registrar. Al contarlo, he hecho un ligero cambio de nombre y lugar, pero por lo demás los hechos tal como se enuncian son ciertos.

Una mañana —era a finales de 1896— recibí una nota apresurada de Holmes en la que me pedía que acudiera a su llamada. Cuando llegué, lo encontré sentado en un ambiente cargado de humo, con una mujer anciana y maternal, del tipo de la robusta señora casera, en la silla correspondiente frente a él.

“Esta es la señora Merrilow, de South Brixton”, dijo mi amigo con un gesto de la mano.

“La señora Merrilow no le hace ascos al tabaco, Watson, si desea usted dar rienda suelta a sus inmundos hábitos. La señora Merrilow tiene que contar una historia interesante que bien puede conducir a nuevos acontecimientos en los que su presencia resulte útil”.

“Hay algo que pueda hacer⁠—”

—Comprenderá usted, señora Merrilow, que si acudo a ver a la señora Ronder, preferiría ir con un testigo. Procure que ella lo entienda antes de que lleguemos.

—Que el Señor lo bendiga, mister Holmes —dijo nuestro visitante—, ¡está tan ansiosa por verlo que usted podría traerse a toda la parroquia pisándole los talones!

—Entonces vendremos temprano por la tarde.

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