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nydus/The Casebook of Sherlock HolmesPublic
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La aventura del comerciante de colores retirado

donde ha avanzado, y sin embargo, de vital importancia para Josiah Amberley.

¿Qué vas a hacer al respecto?

“Bien, la cuestión inmediata, querido Watson, resulta ser: ¿Qué hará usted?—si es tan amable de hacerme de suplente. Ya sabe que estoy ocupado con este caso de los dos patriarcas coptos, que debería resolverse hoy. Realmente no tengo tiempo para ir a Lewisham, y sin embargo las pruebas recabadas en el lugar tienen un valor especial. El anciano insistió bastante en que fuera, pero le expliqué mi dificultad. Está dispuesto a recibir a un representante”.

—Por supuesto —contesté—. Confieso que no veo de qué gran utilidad pueda ser, pero estoy dispuesto a hacer todo lo posible.

Y así fue como una tarde de verano partí hacia Lewisham, sin sospechar siquiera que en el plazo de una semana el asunto en el que me estaba embarcando sería el centro del debate apasionado de toda Inglaterra.

Era tarde aquella noche cuando regresé a Baker Street y di cuenta de mi misión.

Holmes yacía con su demacrada figura estirada en su sillón profundo, mientras su pipa exhalaba lentas volutas de acre tabaco, y sus párpados descendían sobre sus ojos con tanta modorra que bien podría haber estado dormido de no ser porque, ante cualquier pausa o pasaje dudoso de mi relato, se levantaban a medias y dos ojos grises, tan brillantes y agudos como estiletes, me atravesaban con su mirada escrutadora.

—El Refugio es el nombre de la casa del señor Josiah Amberley —expliqué—. Creo que le interesaría, Holmes. Es como algún patricio indigente que ha caído en compañía de sus inferiores. Usted conoce ese barrio en particular, las monótonas calles de ladrillo, las fatigosas

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