Holmes había leído atentamente una nota que le había traído la última última entrega del correo. Después, con esa seca risita que era lo más parecido a una carcajada que se permitía, me la arrojó.
—Para ser una mezcla de lo moderno y lo medieval, de lo práctico y de lo absurdamente fantasioso, creo que esto no tiene límite —dijoÉl—. ¿Qué sacas tú en claro, Watson?
Leo lo siguiente:
Nuestro cliente, el señor Robert Ferguson, de Ferguson and Muirhead, corredores de té de Mincing Lane, nos ha hecho algunas consultas en una comunicación con fecha de hoy relativa a vampiros. Como nuestra firma se especializa exclusivamente en la tasación de maquinaria, el asunto difícilmente entra dentro de nuestra competencia, y por lo tanto le hemos recomendado al señor Ferguson que pase a verle y le exponga el caso. No hemos olvidado su exitosa intervención en el caso de Matilda Briggs.
—Matilda Briggs no era el nombre de una joven, Watson —dijo Holmes con voz evocadora—. Fue un barco asociado con la rata gigante de Sumatra, una historia para la cual el mundo todavía no está preparado. Pero ¿qué sabemos de los vampiros? ¿Entra eso también dentro de nuestro ámbito? Cualquier cosa es mejor que el estancamiento, pero la verdad es que parece que nos han sintonizado con un cuento de los hermanos Grimm. Estira el brazo, Watson, y mira qué tiene que decir la V.