un manicomio, * o de que padecía alguna enfermedad que motivaba su segregación. No se me ocurría ninguna otra solución adecuada. Había que cribar estas, por tanto, y sopesarlas unas
«La solución criminal no resistía el menor análisis. No se había denunciado ningún crimen sin resolver en aquel distrito. De eso estaba seguro. Si se trataba de algún delito aún no descubierto, resultaba evidente que a la familia le convenía más deshacerse del culpable y enviarlo al extranjero que mantenerlo oculto en la casa. No encontraba ninguna explicación para semejante línea de conducta».
«La locura era más plausible. La presencia de una segunda persona en el cobertizo sugería un cuidador. El hecho de que cerrara la puerta con llave al salir reforzaba la suposición y daba la idea de coacción.
Por otra parte, dicha coacción no podía ser severa, o el joven no se habría podido soltar y bajar a echar un vistazo a su amigo. Recordará, señor Dodd, que tanteé el terreno haciendo preguntas, por ejemplo, acerca del periódico que el señor Kent estaba leyendo. De haber sido The Lancet o el British Medical Journal, me habría ayudado.
Sin embargo, no es ilegal retener a un lunático en propiedades privadas siempre y cuando haya una persona cualificada al cuidado y se haya notificado debidamente a las autoridades. ¿Por qué, entonces, todo este desesperado deseo de secretismo? Una vez más, no lograba hacer encajar la teoría con los hechos».
“Quedaba una tercera posibilidad, en la que, por rara e improbable que fuera, todo parecía encajar. La lepra no es infrecuente en Sudáfrica. Por alguna extraña casualidad este joven podría haberla contraído. Su gente se encontraría en una situación muy terrible, puesto que desearían salvarlo del aislamiento. Se necesitaría un gran secreto para evitar que corrieran los rumores y la consiguiente intervención de las autoridades. Un médico