templados y actúa con rapidez. Godfrey apenas había desaparecido cuando ya estaba yo en la ventana. Había un pestillo complicado, y tardé un buen rato en poder abrirla. Luego pasé de un salto y corrí por el sendero del jardín en la dirección que pensé que podría haber tomado.
“Era un sendero largo y la luz no era muy buena, pero me pareció que algo se movía delante de mí. Eché a correr y llamé su voz, pero no sirvió de nada.
Cuando llegué al final del sendero había varios otros que se bifurcaban en distintas direcciones hacia varias dependencias. Me quedé dudando, y al hacerlo oí claramente el ruido de una puerta al cerrarse. No fue detrás de mí, en la casa, sino delante de mí, en alguna parte de la oscuridad.
Eso bastó, señor Holmes, para asegurarme de que lo que había visto no era una visión. Godfrey había huido de mí y había cerrado una puerta a sus espaldas. De eso estaba seguro.
“No había nada más que pudiera hacer, y pasé una noche intranquila dándole vueltas al asunto en la cabeza e intentando encontrar alguna teoría que encajara con los hechos.
Al día siguiente encontré al coronel bastante más conciliador y, como su esposa comentó que había algunos lugares de interés por los alrededores, eso me dio pie a preguntar si mi presencia durante una noche más les incomodaría.
Una aquiescencia un tanto reacia por parte del viejo me dejó un día entero por delante para hacer mis observaciones. Ya estaba plenamente convencido de que Godfrey se ocultaba en algún lugar cercano, pero el dónde y el porqué seguían por resolver.
“La casa era tan grande y de diseño tan laberíntico que un regimiento entero podría haberse escondido en ella sin que nadie se enterara.