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nydus/The Casebook of Sherlock HolmesPublic
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La aventura de la melena de león

«Hay una o dos palabras de explicación que debo dar, pues conozco la dirección que han tomado sus pesquisas. Es verdad que amé a esta dama, pero desde el día en que ella eligió a mi amigo McPherson, mi único deseo fue ayudarla a ser feliz. Me sentí muy satisfecho haciéndome a un lado y actuando como su intermediario. A menudo llevé sus mensajes, y fue debido a que gozaba de su confianza y a que ella me era tan querida por lo que me apresuré a anunciarle la muerte de mi amigo, no fuera a ser que alguien se me adelantara de un modo más brusco y despiadado. Ella no quiso hablarle a usted, señor, de nuestras relaciones por temor a que lo desaprobara y yo pudiera salir perjudicado. Pero con su permiso debo intentar regresar a The Gables, pues mi cama será muy

Stackhurst tendió la mano.

«Nuestros nervios han estado a flor de piel —dijo—. Perdone lo pasado, Murdoch. Nos entenderemos mejor en el futuro».

Salieron juntos con los brazos enlazados en actitud amistosa. El inspector se quedó, mirándome en silencio con sus ojos bovinos.

—¡Bueno, ya lo ha hecho! —exclamó al fin—. Había leído sobre usted, pero nunca lo creí. ¡Es maravilloso!

Notuve más remedio que negar con la cabeza. Aceptar semejante alabanza equivalía a rebajar los propios estándares.

Fui lento al principio —censurablemente lento. Si el cuerpo hubiera sido encontrado en el agua, difícilmente lo habría pasado por alto. Fue la toalla lo que me despistó. Al pobre hombre no se le había ocurrido

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