—Bueno, tal vez valga la pena intentarlo. Pero él le ha contado la mayor parte de sus pecados y ha obtenido el perdón de ella, ytengo entendido que ella no volverá a abrir el asunto.
—Aposto a que no le contó todo —dijo la señorita Winter—. Alcancé a ver uno o dos asesinatos además del que armó tanto revuelo. Hablaba de alguien con su tono de voz sedoso y luego me miraba fijamente a los ojos y decía: «Murió en el espacio de un mes». Tampoco era pura habladuría; verá, yo misma lo amaba por entonces. ¡Todo lo que hacía me parecía bien, igual que a esta pobre tonta! Hubo solo una cosa que me sacudió. ¡Sí, caramba! De no haber sido por su lengua venenosa y mentirosa que lo explica y lo suaviza todo, lo habría dejado esa misma noche. Es un libro que tiene: un libro de cuero marrón con cerradura y su blasón en oro por fuera. Creo que esa noche estaba un poco borracho, o no me lo habría enseñado.
“¿Qué fue, entonces?”
“Os lo digo, Mr.