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III

Después de eso, los generales resolvieron que sería mejor declarar la guerra abierta, sin tregua ni heraldo, mientras estuvieran en el país enemigo; pues solían venir a corromper a los soldados, e incluso tuvieron éxito con un oficial: Nicarco (1), un arcadio, que se marchó en la noche con unos veinte hombres.

(1) Can this be the same man whose escape is so graphically described
above?

Después de esto desayunaron y cruzaron el río Zapatas, marchando en orden regular, con las bestias y la turba del ejército en el medio.

No habían avanzado mucho en su ruta cuando Mitrídates volvió a hacer acto de presencia, con unos doscientos jinetes a sus espaldas y arqueros y honderos el doble, tan ágiles como pudiera uno esperar ver.

Se acercó a los helenos como si fuera un amigo; pero cuando estuvieron ya bien cerca, de repente algunos de ellos, ya fueran a caballo o a pie, empezaron a disparar sus arcos y flechas, y otro grupo con hondas, hiriendo a los hombres.

La retaguardia de los helenos sufrió durante un rato gravemente sin poder devolver el golpe, pues los cretenses tenían un alcance menor que los persas y, al mismo tiempo, al ser tropas ligeras, se encontraban acorralados dentro de las filas de la infantería pesada, mientras que los hombres de la jabalina tampoco alcanzaban a los honderos del enemigo.

Siendo esto así, Jenofonte pensó que no había más remedio que cargar, y cargaron; algunos de los infantes pesados y ligeros que custodiaban la retaguardia fueron con él; pero por mucho que cargaron no atraparon ni a un solo hombre.

La escasez de caballería perjudicó a los helenos; ni tampoco era capaz su infantería de alcanzar a la del enemigo, debido a la gran ventaja que les

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