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IV. The Mossynoecians

los siguieron sin demora y los persiguieron hasta su misma ciudad, mientras las tropas pesadas avanzaban en orden compacto. Tan pronto como llegaron a las casas de la capital, allí mismo el enemigo, congregándose por completo en un sólido cuerpo, luchó con valor, y arrojó sus jabalinas, o bien empuñó sus largas y robustas lanzas —casi demasiado pesadas para que un hombre las maneje—, e hizo cuanto pudo para contener el ataque en la lucha cuerpo a cuerpo.

Pero cuando los helenos, en vez de ceder, se fueron agrupando más densamente, los bárbaros huyeron también de este lugar y abandonaron en masa la fortaleza. Su rey, que se encontraba en su torre de madera o mossyn, construida en la ciudadela (allí permanece y allí lo mantienen todos a expensas de la comunidad, custodiándolo estrictamente), se negó a salir, al igual que los de la fortaleza tomada primero, y así quedaron reducidos a cenizas en el mismo sitio, sus mossyn, ellos mismos y todo lo demás.

Los helenos, al saquear y registrar estos lugares, descubrieron en las diferentes casas tesoros y almacenes de hogazas, pila sobre pila, «las reservas ancestrales», como les dijeron los mosinoecos; pero el grano nuevo estaba guardado aparte con la paja y la espiga juntas, y este era en su mayor parte escanda.

Rodajas de delfín fueron otro de los hallazgos, en jarras de cuello estrecho, todas debidamente saladas y en escabeche; y había grasa de delfín en vasijas, que los mosinoecos utilizaban exactamente igual que los helenos usan el aceite.

Luego había grandes reservas de nueces en el piso superior, las de tipo ancho y sin partición (3). Este era también uno de sus principales alimentos: nueces cocidas y hogazas horneadas.

También se descubrió vino. Este, debido a su cualidad áspera y seca, sabía fuerte al beberse solo, pero mezclado con agua resultaba dulce y fragante.

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