Frente a ellos formó su línea, transmitiendo la orden a los capitanes de que cada uno formara su compañía en secciones, y las desplegara en línea por la izquierda, debiendo los capitanes de compañía y los tenientes al mando de secciones avanzar al encuentro de los carducos, mientras que los jefes de la retaguardia conservarían su posición de cara al río.
Pero cuando los carducos vieron la retaguardia tan desprovista de masa, pareciendo ya un mero puñado de hombres, avanzaron con mayor rapidez aún, entonando al mismo tiempo ciertos cantos.
Luego, una vez que las cosas estuvieron seguras para él, Quirísofo envió de vuelta a los peltastas, honderos y arqueros para reunirse con Jenofonte, con la orden de llevar a cabo sus instrucciones. Estaban a punto de cruzar de nuevo, cuando Jenofonte, que vio su intención, envió a un mensaje al otro lado, ordenándoles que esperaran allí, en la orilla del río, sin cruzar; pero tan pronto como él y su destacamento comenzaran a cruzar, debían meterse al agua de frente a él en dos divisiones flanqueantes a su derecha e izquierda, como si estuvieran cruzando; los honderos con sus jabalinas en la correa, y los arqueros con sus flechas en la cuerda; pero no debían avanzar mucho en la corriente.
La orden dada a sus propios hombres fue:
"Esperad hasta estar a distancia de honda y que repique el escudo, entonad entonces el peán y cargad contra el enemigo. Tan pronto como huya y suene desde el río la cornina para 'el ataque', os giraréis a la derecha, con la retaguardia a la cabeza, y todo el destacamento retrocederá y cruzará el río lo más rápidamente posible, conservando cada cual su formación original para evitar estorbarse unos a otros: el hombre más valiente es el primero que llega al otro lado".