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IV. El puerto de Calpe

no tenemos víveres si nos detenemos. Nosotros, pues —continuó—, ofreceremos sacrificios, y vosotros debéis prepararos para combatir ahora, si alguna vez lo habéis hecho, pues el ánimo del enemigo ha

En seguida los generales sacrificaron, en presencia del adivino arcadio Arexion, pues Silano de Ambracia había fletado una embarcación en Heraclea y se había escapado antes de esto. Al sacrificar con vistas a la partida, las víctimas les resultaron desfavorables. Por consiguiente, esperaron aquel día.

Ciertas personas tuvieron la osadía de decir que Jenofonte, impulsado por su deseo de fundar una colonia en el lugar, había persuadido al adivino para que dijese que las víctimas eran desfavorables a la partida. En consecuencia, a la mañana siguiente proclamó mediante un heraldo que cualquiera que lo deseara estuviera presente en el sacrificio; o que, si era adivino, se le invitaba a asistir y a ayudar a inspeccionar las víctimas.

Entonces sacrificó, y hubo muchos presentes; pero aunque el sacrificio sobre la cuestión de la partida se repitió hasta tres veces, las víctimas fueron persistentemente desfavorables. Por ello los soldados estaban muy irritados, pues las provisiones que habían traído consigo habían tocado fondo y no había mercado alguno al que acudir.

Consecuentemente hubo otra asamblea, y Jenofonte volvió a hablar: «Soldados —dijo—, las víctimas, como vosotros mismos podéis ver, aún no son favorables para la marcha; pero, entretanto, yo mismo veo que necesitáis víveres; en consecuencia, debemos concretar el sacrificio al punto específico». Alguien se levantó y dijo: «Es perfectamente natural que las víctimas sean desfavorables, pues, según supe por alguien de una embarcación que llegó aquí ayer por casualidad, Cleandro, el gobernador de Bizancio, tiene la intención de venir aquí con naves y buques de guerra».

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