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III. Los arcadios

sabio, mientras que para nosotros, cuyo inicio de cada acto es por la gracia del cielo, ese mismo Dios reserva un grado más alto de honor. Un deber quisiera recordaros: que apliquéis vuestras mentes a la ejecución de las órdenes con

Con estas palabras les abrió camino. La caballería, dispersándose por delante todo lo prudentemente que era posible, allá donde ponía el pie, prendía fuego. Los peltastas que avanzaban paralelos por el terreno elevado procedían del mismo modo, quemando todo lo inflamable que lograban descubrir. Mientras que el ejército principal, dondequiera que tropezaba con algo que hubiera escapado por casualidad, completaba la tarea, de modo que todo el país parecía estar en llamas y el ejército fácilmente habría podido pasar por uno más numeroso. Llegada la hora, se desviaron hacia un montecillo y acamparon; y allí divisaron las hogueras de los puestos de observación del enemigo. Estaba a unos cuarenta estadios de distancia. Por su parte, encendieron también tantas hogueras como les fue posible; pero tan pronto como hubieron cenado,

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