—No, estos relatos son invención de necios que sienten envidia del honor que me concedéis. ¡Una envidia de lo más innecesaria! ¿Acaso estorbo a alguno de ellos para que diga cualquier palabra importante que esté en su mano? ¿Para que aseste un golpe en favor vuestro y en el suyo propio, si esa es su elección? ¿O, por último, para que mantenga los ojos y los oídos bien abiertos a fin de garantizar vuestra seguridad? ¿De qué se trata? En vuestra elección de líderes, ¿acaso me meto en el camino de alguien, es eso? Que dé un paso al frente, yo le cedo el puesto; él será vuestro general; solo que ha de demostrar que vuestro bien le importa.
"Por mi parte, he terminado; pero en cuanto a vosotros, si alguno de vosotros concibe bien que él mismo podría ser víctima de un fraude, o que podría victimizar a cualquier otro en algo como esto, que abra sus labios y nos explique cómo. Tomaos vuestro tiempo, pero cuando hayáis examinado el asunto a vuestro entero gusto, no os vayáis sin permitirme que os hable de algo que veo cernirse. Si llegara a estallar sobre nosotros y a demostrar ser de hecho algo parecido a lo que ahora da muestras de ser, es hora de que tomemos consejo para nosotros mismos y procuremos no demostramos a nosotros mismos ser los peores y más viles de los hombres a los ojos de los dioses y de los hombres, ya sean amigos o enemigos". Las palabras movieron la curiosidad de los soldados. Se maravillaban de cuál pudiera ser este asunto y le pidieron que lo explicara. Acto seguido comenzó de nuevo: "No habréis olvidado ciertos lugares en las colinas —fortalezas bárbaras, pero amigas de los cerasuntos— desde los cuales la gente solía bajar y vendernos ganado mayor y otras cosas que poseían, y si no me equivoco, algunos de vosotros fuisteis al más cercano de estos lugares e hicisteis compras en el mercado y regresasteis de nuevo. Cleareto el capitán se enteró de este lugar, de que era muy pequeño y no estaba guardado. ¿Por qué iba a estar guardado si era amigo? eso pensaba la gente. Así se abalanzó sobre él en plena noche, y tenía la intención de saquearlo sin decir una palabra a ninguno de nosotros. Su designio era, si tomaba el lugar, no regresar otra vez al ejército, sino abordar una nave que, con sus compañeros de mesa a bordo, iba navegando en ese