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VI. Los generales fueron apresados

En cuanto a Menón de Tesalia (3), el motor de su acción era evidente; lo que buscaba con insaciabilidad era la riqueza.

  • El poder lo ambicionaba únicamente como trampolín hacia mayores despojos.
  • Honores y alta alcurnia anhelaba simplemente para poder ampliar el radio de sus ganancias; y si se esmeraba en mantener relaciones amistosas con los poderosos, era con el fin de poder cometer tropelías con impunidad.

El camino más corto hacia la consecución de sus deseos se encontraba, pensaba, en el perjurio, la mentira y el engaño; pues en su vocabulario la sencillez y la verdad eran sinónimos de necedad.

Afecto natural, a las claras, no le guardaba a nadie.

Si a un hombre llamaba su amigo, podía darse por seguro que andaba empeñado en tenderle una trampa.

La risa ante un enemigo le parecía fuera de lugar, pero toda su conversación giraba en torno al ridículo de sus allegados.

Del mismo modo, las posesiones de sus enemigos estaban a salvo de sus maquinaciones, pues no era tarea fácil, pensaba, robar a gente que está en guardia; pero su singular fortuna consistía en haber descubierto cuán fácil es robar a un amigo en plena confianza.

Si se trataba de un perjuro o de un malhechor, lo temía como a alguien bien armado y atrincherado; pero a los hombres honrados y amantes de la verdad trataba de engañarlos, considerándolos débiles carentes de virilidad.

Y así como otros hombres se enorgullecen de la piedad, la verdad y la rectitud, Menón se enorgullecía de su capacidad para el fraude, de la fabricación de mentiras y de la burla y el desprecio hacia los amigos. Al

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