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V. Los cálibes y los tibarenos

Por este país, amigo u hostil según dictase la suerte, marcharon los helenos, ocho etapas en total, y llegaron hasta los cálibes. Este era un pueblo poco numeroso y sujeto a los mosinoicos. Su sustento provenía en su mayor parte de la minería y la forja del hierro.

Desde allí llegaron a los tibarenos. El país de los tibarenos era mucho más llano, y sus fortalezas se encontraban en la costa y eran menos fuertes, ya fuera por el arte o por la naturaleza. Los generales querían atacar estos lugares para que el ejército pudiera obtener algún botín, y no quisieron aceptar los obsequios de hospitalidad que enviaban los tibarenos, sino que, pidiéndoles que esperasen hasta haber deliberado, procedieron a ofrecer sacrificios. Tras varios intentos infructuosos, los adivinos dictaminaron por fin que los dioses de ningún modo aprobaban la guerra. Entonces aceptaron los obsequios de hospitalidad y, marchando a través de lo que ya se reconocía como un país amigo, llegaron en dos días a Cotyora, una ciudad helénica y colonia de Sinope, aunque situada en el territorio de los tibarenos (1).

(1) The MSS. here read, "Up to this point the expedition was conducted on land, and the distance traversed on foot from the battle-field near Babylon down to Cotyora amounted to one hundred and twenty-two stages—that is to say, six hundred and twenty parasangs, or eighteen thousand stades, or if measured in time, an eight months' march." The words are probably the note of some editor or commentator, though it is quite likely that the author himself may have gone through such calculations and even have inserted them as a note to his text.

Aquí se detuvieron cuarenta y cinco días, durante los cuales ofrecieron sacrificios a los dioses en primer lugar e instituyeron procesiones, cada grupo de helenos según sus respectivas tribus, con concursos gimnásticos.

Mientras tanto consiguieron víveres, en parte de Paflagonia, en parte de las haciendas de los cotioritas, pues estos últimos ni les proporcionaban un mercado ni recibían a sus enfermos dentro de sus murallas.

Entre tanto llegaron embajadores de Sinope, llenos de temores, no solo por los cotioreos y su ciudad, que pertenecía a Sinope y pagaba tributo,

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