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I. Los generales se reúnen

que se dirijan a las puertas del palacio del rey y que allí procuren obtener para sí las condiciones que

Eso dijeron los heraldos, y los helenos escucharon con el corazón apesadumbrado; pero Clearco habló, y sus palabras fueron breves: «Los vencedores no suelen entregar las armas»; luego, dirigiéndose a los demás, añadió: «Os dejo a vosotros, miscolegas generales, que deis la mejor y más noble respuesta posible a estos caballeros. Enseguida vuelvo con vosotros».

En ese momento, un funcionario le había mandado ir a examinar las entrañas que acababan de extraer, pues, por lo que sucedió, estaba ocupado haciendo un sacrificio.

Tan pronto como se hubo marchado, Cleanor el arcadio, por derecho de antigüedad, respondió:

«Antes morirían que entregar las armas».

Luego Próxeno el tebano dijo:

«Por mi parte, me extraña que el rey exija nuestras armas como nuestro amo, o meramente por causa de amistad, en calidad de presentes. Si como nuestro amo, ¿por qué ha de pedirlas en vez de venir a tomarlas? Mas si desea embaucarnos con bellas palabras para que se las demos, debería decirnos qué recibirán los soldados a cambio de tal favor».

En respuesta a él, Falino dijo: > «El rey afirma haber vencido, puesto que ha dado muerte a Ciro, y ¿quién hay ahora que pueda reclamar el reino frente a él? Se alaga además creyendo que vosotros también estáis en su poder, ya que os tiene en el corazón

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