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nydus/Anne of Green GablesPublic
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XII. Un voto y promesa solemnes

pudo acercarse lo suficiente para decirte que te los quitaras hasta que ya era demasiado tarde. Dice que la gente estuvo cuchicheando horrores sobre el asunto. Como era de esperar, habrán pensado que a mí no me rinde la cabeza como para impedirte salir adornada de esa

—Oh, lo siento tanto —dijo Ana, con lágrimas brotando en los ojos—. Nunca creí que te fuera a importar. Las rosas y los ranúnculos eran tan dulces y bonitos que pensé que quedarían preciosos en mi sombrero. Muchas de las niñas llevan flores artificiales en los sombreros.

Me temo que voy a ser una terrible carga para ti. Quizás sea mejor que me mandes de vuelta al asilo. Sería terrible; no creo que pudiera soportarlo; lo más probable es que contrajera tisis; ya ves lo delgada que estoy. Pero eso sería mejor que ser una carga para ti.

—Tonterías —dijo Marilla, molesta consigo misma por haber hecho llorar a la niña—. No quiero devolverte al asilo, de verdad. Lo único que quiero es que te portes como las demás niñas y no hagas el ridículo. No llores más. Tengo una noticia para ti. Diana Barry volvió a casa esta tarde. Voy a ir a ver si le puedo pedir prestado un patrón de falda a la señora Barry, y si quieres puedes venir conmigo y conocer a Diana.

Anne se puso en pie, con las manos entrelazadas, con las lágrimas aún brillando en sus mejillas; el paño de cocina que había estado dobladillando resbaló sin que lo advirtiera hasta el suelo.

“Oh, Marilla, tengo miedo⁠—ahora que ha llegado, tengo verdadero miedo. ¡Y si no le gusto! Sería la decepción más trágica de mi vida”.

“Ahora, no te pongas nerviosa. Y la verdad es que desearía que no usaras palabras tan largas. Suenan muy gracioso en una niña pequeña. Supongo que Diana te tomará bastante cariño. Es con su madre con quien tienes que habértelas. Si a ella no le gustas, no importará cuánto le

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