sabio e inescrutable. Pero desde luego no haría daño dejar que la niña tuviera un vestido bonito, algo como lo que siempre llevaba Diana Barry. Matthew decidió que le regalaría uno; eso no podría ser objetado como una intromisión indebida. Faltaban solo quince días para Navidad. Un vestido nuevo y bonito sería justo lo ideal para un regalo. Matthew, con un suspiro de satisfacción, guardó su pipa y se fue a la cama, mientras Marilla abría todas las puertas y ventilaba la casa.
A la tarde siguiente, Matthew se dirigió a Carmody para comprar el vestido, decidido a afrontar lo peor de una vez por todas.
Sería, estaba convencido, una prueba nada baladí.
Había ciertas cosas que Matthew podía comprar demostrando ser un regateador nada despreciable; pero sabía que estaría a merced de los tenderos a la hora de comprar el vestido de una muchacha.
Después de mucha meditación, Matthew decidió ir a la tienda de Samuel Lawson en lugar de a la de William Blair.
Sin duda, los Cuthbert siempre habían ido a la de William Blair; era casi un asunto de conciencia para ellos, tanto como asistir a la iglesia presbiteriana y votar por los conservadores.
Pero las dos hijas de William Blair atendían a menudo a los clientes allí y Matthew les tenía un pánico absoluto. Podía apañárselas para tratar con ellas cuando sabía exactamente lo que quería y podía señalarlo; pero en un asunto como este, que requería explicaciones y consultas, Matthew sentía que debía estar seguro de encontrar a un hombre detrás del mostrador.
Así que iría a la de Lawson, donde Samuel o su hijo lo atenderían.
¡Ay! Matthew no sabía que Samuel, en la reciente expansión de su negocio, había contratado también a una empleada; era sobrina de su