Anne era evidentemente capaz de ser lista para un buen propósito, pues diez minutos más tarde ya estaba abajo, con la ropa bien puesta, el pelo cepillado y trenzado, la cara lavada y una reconfortante conciencia impregnando su alma de que había cumplido con todos los requisitos de Marilla.
Sin embargo, a fin de cuentas, se había olvidado de doblar la ropa de la cama.
“Tengo bastante hambre esta mañana”, anunció, mientras se deslizaba en la silla que Marilla le había puesto. > “El mundo no parece un desierto tan aullador como anoche. Me alegra tanto que sea una mañana soleada. Pero las mañanas lluviosas también me gustan muchísimo. Toda clase de mañanas son interesantes, ¿no te parece? No sabes lo que va a pasar durante el día, y hay muchísimo margen para la imaginación. Pero me alegra que no esté lloviendo hoy, porque es más fácil estar alegre y sobrellevar la aflicción en un día soleado. Siento que tengo bastante que sobrellevar. Está muy bien leer sobre las penas e imaginarte que las