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nydus/Anne of Green GablesPublic
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XVI. Diana es invitada a tomar el té con resultados trágicos

junto a mi tumba y lo regabas con tus lágrimas; y nunca, jamás, olvidabas a la amiga de tu juventud que sacrificó su vida por ti. Oh, era un relato de lo más conmovedor, Diana. Las lágrimas simplemente me llovían por las mejillas mientras mezclaba el pastel. Pero me olvidé de la harina y el pastel fue un fracaso rotundo. La harina es de lo más esencial para los pasteles, ya sabes. Marilla se puso muy furiosa y no me extraña. Soy una gran prueba para ella.

La semana pasada estaba mortificada por lo de la salsa del budín. Tuvimos un budín de ciruelas para cenar el martes y sobró la mitad del budín y una jarra llena de salsa. Marilla dijo que alcanzaba para otra cena y me indicó que la pusiera en la alacena y la tapara.

Tenía toda la intención de taparla, Diana, pero cuando la llevaba me estaba imaginando que era una monja —desde luego soy protestante, pero me imaginé que era católica— que tomaba los votos para sepultar un corazón roto en el encierro del claustro; y se me olvidó por completo tapar la salsa del budín.

Me acordé a la mañana siguiente y corrí a la alacena. Diana, imagínate si puedes mi horror absoluto al encontrar un ratón ahogado en esa salsa de budín. Saqué al ratón con una cuchara y lo tiré al patio, y luego lavé la cuchara en tres aguas.

Marilla había salido a ordeñar y yo tenía la firme intención de preguntarle, cuando entrara, si le daba la salsa a los cerdos; pero cuando por fin entró me estaba imaginando que era un hada de la escarcha que recorría los bosques poniendo los árboles rojos y amarillos, según quisieran, así que jamás volví a pensar en la salsa del budín y Marilla me mandó a recoger manzanas.

Pues el señor y la señora Chester Ross, de Spencervale, vinieron aquí esa mañana. Ya sabes que son personas muy elegantes, especialmente la señora Chester Ross.

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