—Vaya, pues es una criatura de lo más interesante —insistió Matthew—. Tenías que haberla oído hablar de camino desde la estación.
“Oh, she can talk fast enough. I saw that at once. It’s nothing in her favour, either. I don’t like children who have so much to say. I don’t want an orphan girl and if I did she isn’t the style I’d pick out. There’s something I don’t understand about her. No, she’s got to be despatched straightway back to where she came from.”
—Podría contratar a un muchacho francés para que me ayude —dijo Matthew—, y ella te haría compañía.
—No sufro por falta de compañía —dijo Marilla cortante—. Y no voy a quedármela.
—Bueno, pues es tal como dices, por supuesto, Marilla —dijo Matthew levantándose y guardando la pipa—. Me voy a la cama.
A la cama se fue Matthew. Y a la cama, cuando hubo guardado los platos, se fue Marilla, con el ceño fruncido de lo más resueltamente. Y arriba, en el gablete este, una niña sola, hambrienta de afecto y sin amigos lloró hasta quedarse dormida.