Charlie Sloane desafió a Arty Gillis a saltarlo, y Arty lo hizo porque no se echaba atrás ante un desafío. Nadie lo haría en la escuela. Está muy de moda desafiar. El señor Phillips le dio todas las flores de mayo que encontró a Prissy Andrews y le oí decir «dulces para la dulce». Sé que sacó eso de un libro, pero demuestra que tiene algo de imaginación. A mí también me ofrecieron algunas flores de mayo, pero las rechacé con desprecio. No puedo decirte el nombre de esa persona porque he jurado no dejar que cruce mis labios.
Hicimos coronas con las retamas y nos las pusimos en los sombreros; y cuando llegó la hora de irnos a casa, marchamos en procesión por el camino, de dos en dos, con nuestros ramos y coronas, cantando «Mi hogar en la colina». Oh, fue tan emocionante, Marilla. Toda la gente del señor Silas Sloane salió corriendo a vernos y todos los que nos cruzábamos en el camino se detenían y se quedaban mirándonos. Causamos sensación de verdad.
—¡No es de extrañar! ¡Qué cosas tan tontas! —fue la respuesta de Marilla.
Tras las mayas vinieron las violetas, y el Valle de las Violetas se tiñó de púrpura con ellas. Ana caminaba por él de camino a la escuela con pasos reverentes y ojos devotos, como si pisara tierra sagrada.
—De algún modo —le dijo a Diana—, cuando paso por aquí no me importa realmente si Gil... si nadie me gana en la clase o no. Pero cuando estoy en la escuela todo es diferente y me importa tanto como siempre. Hay tantas Anas diferentes en mí. A veces pienso que por eso soy una persona tan problemática. Si fuera tan solo una Ana, sería mucho más cómodo, pero entonces no sería ni la mitad de interesante.