muchas niñas simpáticas en la escuela y nos divertimos muchísimo jugando a la hora del almuerzo. Es muy lindo tener tantas niñitas con quienes jugar. Pero, por supuesto, Diana es la que más me gusta y siempre lo será. Adoro a Diana.
Estoy terriblemente atrasada con respecto a los demás. Van todos por el quinto libro y yo apenas voy por el cuarto. Siento que es una especie de vergüenza. Pero no hay ni uno solo de ellos que tenga tanta imaginación como yo y pronto me di cuenta de eso.
Hoy tuvimos lectura, geografía, historia de Canadá y dictado. El Sr. Phillips dijo que mi ortografía era vergonzosa y levantó mi pizarra para que todos pudieran verla, toda tachada. Me sentí muy mortificada, Marilla; podría haber sido más educado con una recién llegada, creo.
Ruby Gillis me dio una manzana y Sophia Sloane me prestó una tarjeta rosa monísima con la frase «¿Puedo acompañarte a casa?». Tengo que devolvérsela mañana. Y Tillie Boulter me dejó llevar su anillo de cuentas durante toda la tarde. ¿Puedo coger algunas de esas cuentas de perlas del viejo acerico de la buhardilla para hacerme un anillo?
Y oh, Marilla, Jane Andrews me dijo que Minnie MacPherson le dijo que oyó a Prissy Andrews decirle a Sara Gillis que yo tenía una nariz muy bonita.
Marilla, ese es el primer cumplido que he recibido en mi vida y no te imaginas la sensación tan extraña que me produjo. Marilla, ¿de verdad tengo una nariz bonita? Sé que me dirás la verdad.
—Tu nariz está bastante bien —dijo Marilla secamente. En secreto pensaba que la nariz de Anne era hermosísima; pero no tenía la menor intención de decírselo.
Eso había ocurrido hace tres semanas y todo había marchado sobre ruedas hasta entonces. Y ahora, en aquella fresca mañana de septiembre,