que es sufrir. La señora Thomas me dijo que Dios me hizo el pelo rojo adrede, y desde entonces nunca me ha importado. Y, de todos modos, por la noche siempre estoy demasiado cansada para molestarme en rezar. No se puede esperar que la gente que tiene que cuidar mellizos rece. Ahora bien, ¿crees sinceramente que
Marilla decidió que la educación religiosa de Ana debía comenzar de inmediato. Claramente no había tiempo que perder.
—Tienes que rezar tus oraciones mientras estés bajo mi techo, Ana.
—Pero por supuesto, si quieres que lo haga —asintió Ana alegremente—.
Haría cualquier cosa por complacerte. Pero por esta vez vas a tener que decirme qué debo decir. Después de meterme en la cama, se me ocurrirá una oración muy bonita para decir siempre. Creo que va a ser bastante interesante, ahora que lo pienso.