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nydus/Anne of Green GablesPublic
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XIV. La confesión de Anne

Cuando hubo lavado sus platos, preparado la masa de pan y alimentado a las gallinas, Marilla recordó que había notado un pequeño desgarrón en su mejor chal de encaje negro cuando se lo había quitado el lunes por la tarde al regresar de la Sociedad de Socorro. Iría a remendarlo.

El chal estaba en una caja dentro de su baúl. Al sacarlo Marilla, la luz del sol, que sefiltraba a través de las enredaderas que crecían espesas en torno a la ventana, dio de lleno en algo atrapado en el chal⁠—algo que relucía y brillaba en facetas de luz violeta. Marilla lo arrebató con un jadeo. ¡Era el broche de amatista, colgado del hilo de un encaje por el cierre!

–¡Santo cielo y bendito corazón! –dijo Marilla atónita–, ¿qué significa esto? Aquí está mi broche sano y salvo, el que pensé que estaba en el fondo del estanque de los Barry. ¿Qué diablos quiso decir esa muchacha al asegurar que lo había tomado y perdido? ¡Digo que creo que Green Gables está embrujado! Ahora recuerdo que cuando me quité el chal el lunes por la tarde, lo dejé sobre la cómoda por un minuto. Supongo que el broche se quedó enganchado de alguna manera. ¡Vaya!

Marilla se dirigió al desván del este, con el broche en la mano. Anne había llorado hasta desahogarse y estaba sentada abatida junto a la ventana.

—Anne Shirley —dijo Marilla solemnemente—, acabo de encontrar mi broche colgado de mi chal de encaje negro. Ahora quiero saber qué significaba toda esa sarta de mentiras que me contaste esta mañana.

—Pues bien, usted dijo que me mantendría aquí hasta que confesara —contestó Ana con cansancio—, y por eso decidí confesar, ya que tenía que ir al picnic a toda costa. Anoche, después de acostarme, ideé una confesión y la hice lo más interesante que pude. Y la repetí una y otra vez para no olvidarla. Pero al final no me dejó ir al picnic, así que todo mi esfuerzo fue en vano.

A Marilla no le quedó más remedio que reírse a pesar suyo. Pero su conciencia la remordía.

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