solterona no sepa mucho sobre cómo criar a una criatura, pero supongo que sabe más que un solterón. Así que déjame a mí encargarme de ella. Cuando falle, será el momento oportuno para meter tu cuchara.
—Ya, ya, Marilla, puedes salirte con la suya —dijo Matthew con tono tranquilizador—. Solo sé tan buena y amable con ella como puedas sin malcriarla. Me da la impresión de que es de esa clase de personas con las que se puede lograr cualquier cosa con tal de que llegue a quererte.
Marilla soltó un bufido para expresar su desdén por las opiniones de Matthew sobre cualquier asunto femenino y se fue a la lechería con los baldes.
—No le diré esta noche que se puede quedar —pensó, mientras colaba la leche en las lecheras—. Se pondría tan nerviosa que no pegaría un ojo en toda la noche. Marilla Cuthbert, te has metido de lleno en este lío. ¿Habrías pensado jamás que llegaría el día en que adoptarías a una niña huérfana? Es bastante sorprendente, pero no tanto como que Matthew estuviera detrás de todo esto, él que siempre pareció tenerle un miedo mortal a las niñas pequeñas. De todos modos, ya nos hemos decidido por este experimento y solo Dios sabe qué resultará de ello.