tendrías que subir de todos modos, pero estaba tan cansada que me quedé dormida. Espero que no hayas molestado a tu tía, Diana”.
Diana guardó un silencio discreto, pero ella y Anne intercambiaron sonrisas furtivas de diversión culpable por encima de la mesa. Anne se apresuró a volver a casa después de desayunar y así permaneció en dichosa ignorancia del revuelo que poco después se armó en la casa de los Barry hasta entrada la tarde, cuando bajó a casa de la señora Lynde a hacer un recado para Marilla.
—¿Así que anoche ustedes dos casi matan del susto a la pobre de la señorita Barry? —dijo la señora Lynde con severidad, pero con un brillo de picardía en los ojos—. La señora Barry estuvo aquí hace unos minutos de camino a Carmody. Está muy preocupada por el asunto. La vieja señorita Barry se levantó esta mañana de muy mal humor, y el genio de Josephine Barry no es ninguna broma, ya te lo digo yo. No quiso dirigirle la palabra a Diana en todo el día.
—No fue culpa de Diana —dijo Ana con contrición—. Fue mía. Yo propuse hacer una carrera para ver quién se metía en la cama primero.
—¡Lo sabía! —dijo la señora Lynde con la euforia de quien ha acertado. —Sabía que esa idea había salido de tu cabeza. Bueno, pues ha armado un buen loquerío, eso es lo que ha hecho. La vieja señorita Barry había venido a pasar un mes, pero asegura que no se queda ni un día más y va a volverse derechito a la ciudad mañana, ¡con domingo y todo como es! Se habría ido hoy mismo si la hubieran podido llevar. Había prometido pagarle un trimestre de clases de música a Diana, pero ahora está empeñada en no hacer nada en absoluto por una muchachita tan marimacho. Ay, me figuro que habrán tenido una mañana movidita por allá. Los Barry deben de sentirse muy contrariados. La vieja señorita Barry es rica y a ellos les gustaría llevarse bien con ella. Por supuesto, la