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nydus/Swallows and AmazonsPublic
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XIV. La carta del capitán Flint

El segundo al mando se acomodó para hacer una pila ordenada con la madera, como las largas rumas que habían visto junto a la choza de los carboneros. El árbol de Titty se dejó a un lado para desmenuzarlo más tarde.

Luego, cuando se hubieron sacado todos los palos de tamaño considerable, el capitán John subió a bordo del Swallow para recoger todos los trocitos, astillas, ramitas rotas y hojas secas que cubrían el fondo de las tablas.

Es sorprendente el desorden en que queda una embarcación después de transportar cualquier tipo de carga, y la leña menuda es una carga tan desaliñada como pueda haber. Pasó un buen rato antes de que el Swallow luciera tan ordenado y pulcro como cuando habían salido a remos esa mañana.

Cuando al fin no quedaba en ella ni una hoja seca ni una ramita del tamaño de una cerilla a la vista, John la empujó y remó con ella hasta la bahía. Tomó el mástil de donde había estado escondido entre los arbustos y lo encajó de nuevo. Subió las velas a bordo y probó las drizas para ver si la abrazadera del mástil funcionaba correctamente. No fuera a ser que se levantara viento y la Swallow no estuviera lista para hacerse a la mar en cualquier momento. Luego caminó entre los árboles para reunirse con su tripulación en el otro extremo de la isla.

Ya habían apilado la leña, y muy cerca de la chimenea Susan había amontonado una gran cantidad de trozos de turba.

—¿Para qué es eso?

—Eso es para conservar el fuego, como hacen los carboneros —dijo Susan—. Voy a probarlo esta noche.

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