—Todo despejado —dijo ella—. Se han ido río arriba. Eso nos dará un poco más de ventaja. Vamos.
Hubo más chapoteos entre los juncos mientras Peggy Blackett bogaba de pie en la popa con la pértiga. El bote salió de los juncos a la desembocadura del río y derivó hacia el lago. La capitana Nancy tomó los remos. Remó con fuerza durante uno o dos minutos.
—Ya es bastante seguro —dijo—. Voy a levantar el mástil. Menos mal que se nos ocurrió bajarlo, o lo habrían visto por encima de los juncos. Agárrate a la escota mayor, hijo de perra —dijo con muchísimo buen humor y satisfacción. Izó la vela.
—Pues bien, muchachos —dijo mientras trepaba hacia la popa—.
¡Por la Isla del Gato Montés y las Amazonas para siempre! Los hemos dejado con un palmo de narices.