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nydus/Swallows and AmazonsPublic
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XVIII. Robinson Crusoe y el viernes

milla tras milla para conseguir un trago, y miles y miles de ellos morían. Luego habló del poni que había tenido cuando era una niña, y después de los pequeños osos marrones que su padre atrapaba en el bosque, y que solían chuparle los dedos cuando los mojaba en miel.

El tiempo pasó muy deprisa, mucho más rápido que cuando Robinson Crusoe había estado solo. Pero de repente el Viernes se levantó y dijo que tenía que irse a casa.

“No puedo esperar más —dijo—. Debo volver con Vicky. Pero lamento no haber visto a John.

Vi que ayer estaba preocupado por lo que este señor Turner le había dicho, y quería preguntarle si le gustaría que le escribiera a la señora Blackett para pedirle que le hiciera saber al hermano de ella que John nunca había tocado su bote”.

Titty no estaba segura. Estaban los piratas del Amazonas en los que pensar. No convenía en absoluto mezclar a los nativos en los asuntos. Así que dijo que le diría a John lo que mamá había dicho en cuanto él volviera.

—Me pregunto por qué tardan tanto —dijo mamá—. ¿Estás segura de que estás bien aquí tú sola? ¿No te gustaría venirte a casa conmigo a Holly Howe? Podrías vigilar y gritarles cuando pasen, o podrías venir a visitarme, pasar la noche y correr por el camino hacia la casa de la señora Dixon por la mañana para reunirte con los demás cuando vayan por la leche. Podríamos dejarle una nota aquí a John para decirle adónde has ido.

Por un momento, a Titty le pareció que le gustaría ir. De algún modo, ahora que mamá se marchaba, la isla parecía mucho más solitaria que

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