¡Apagón!
Los dos faroles se apagaron y las tiendas blancas formaban parte de la oscuridad. Ya no había más luz que el resplandor de las ascuas en la fogata.
«¡Buenas noches! ¡Buenas noches! ¡Buenas noches!»
Ya no se oía más ruido que el chapoteo del lago contra las rocas. En pocos momentos el capitán, el segundo, el marinero y el muchacho se quedaron profundamente dormidos.