“Sí.”
“Luego inclínate un poco hacia ese lado. Agáchate para que puedas ver por debajo de esa rama. Esa es la isla”.
“Pero esa es la isla Cormorán”.
“También es La isla del tesoro”.
—¿Cómo lo sabes?
“Oí a los piratas enterrar su tesoro allí anoche cuando estaba en el Amazonas”.
“¿Piratas de verdad?”
“Por supuesto, de verdad. Decían palabrotas a más no poder”.
“¿Un tesoro de verdad?”
“Por supuesto, un tesoro de verdad. Les oí decir lo pesado que era”.
“¿Cómo lo llevaremos si es muy pesado?”
“Poco a poco.
Algo de eso vendrá en lingotes de oro. Y luego habrá montones de monedas de oro, guineas y cosas por el estilo. Y piedras preciosas. Diamantes. Nos lo iremos llevando de a poco”.
El muchacho escuchaba mientras la marinera le contaba todo lo que sabía sobre islas del tesoro. Sabía muchísimo. Le contó cómo los piratas capturaban barcos uno tras otro y sacaban todo el tesoro de cada barco y hacían que la tripulación caminara por la