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nydus/Swallows and AmazonsPublic
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XVIII. Robinson Crusoe y el viernes

—Bueno, ya va siendo hora de que te los comas —dijo mamá—. ¿Dejarás que Viernes ponga un poco más de leña en el fuego y prepare un poco de té? No puedo quedarme mucho tiempo, pero tal vez regresen antes de que me vaya.

—No creo que lo hagan —dijo Titty—. Han navegado por el océano Pacífico. Tombuctú no es nada comparado con los sitios a donde han ido.

—Bueno, de todos modos prepararé un poco de té —dijo mamá—. A ver qué te han dejado de raciones.

Titty sacó sus provisiones, un buen trozo grande de pemmican, pan moreno, unas galletas y una rodaja grande y gruesa de pastel. Al Viernes no le hacían mucha gracia.

—Aun así —dijo ella—, creo que podremos comer algo. ¿Y la mantequilla? ¿Y las patatas? ¿Y si hiciéramos tortitas de pemmican?

Viernes rebuscó en la caja de provisiones y encontró un poco de mantequilla que estaba bastante blanda. La olió y dijo que de todos modos debía comerse, y que al día siguiente habría que conseguir más en casa de la señora Dixon.

Encontró unas patatas y también la sal. Robinson Crusoe tenía el té entre sus raciones, envuelto en un cucurucho de papel. También tenía una tabaquera llena de azúcar.

El hombre Viernes encendió el fuego, le puso ramas y pronto hizo que la llama ardiera alrededor de la gran olla. Peló unas patatas y las puso a cocer en un cazo en el borde de la lumbre. Troceó el pemmican en pedazos muy pequeños, como carne picada. Luego, cuando las patatas estuvieron blandas, las sacó del agua, las des hizo, las mezcló con la carne picada y preparó media docena de tortas redondas y planas de pemmican y patata.

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