—Te vas a llevar una decepción terrible, Titty —dijo Susan con somnolencia.
—No cuando lo encuentre —dijo Titty.
—Bueno, echa a andar, Roger —dijo el capitán John—; de todos modos, puedes cruzar a por la leche en cuanto te hayas bañado.
—Doble ración hoy por las Amazonas y el capitán Flint —gritó el segundo oficial—. Tendremos que llevarnos algunas cuando vayamos a la pesca de ballenas.
Fue un baño rápido aquella mañana para el muchacho y el marinero experto. El marinero experto no se molestó con las perlas, y ella echó al muchacho a secarse tan pronto como hubo demostrado que sabía nadar en ambas direcciones, boca abajo y boca arriba.
Luego se apresuraron a cruzar por la leche. Volvieron para encontrar a todos, excepto al segundo del Swallow, ocupados en montar cañas de pescar.
—¿De verdad vas a largarte a la isla Cormorant, marinero? —dijo Peggy—. Sabes que allí no hay nada. Harías mucho mejor en venir a cazar ballenas con nosotros.
Pero el marinero de primera Titty no se dejó persuadir, y el grumete Roger, aunque tenía en bastante buen concepto la caza de ballenas, se Puso firme en seguir al marinero de primera.
Después del desayuno, mientras los demás estaban ocupados pescando pececillos para tenerlos listos para el capitán Flint, el segundo de a bordo Susan les preparó a cada uno un paquete grande de sándwiches y pan dulce con pasas, y les dio una botella de leche.
—Ahora recuerda, Roger, Titty estará al mando, y harás exactamente lo que ella te diga.