sino que las Amazonas habían desembarcado en la Isla del Gato Montés, y su barco pirata estaba bien amarrado en el puerto. Si tan solo no hubiera encendido las luces, ellas jamás habrían podido entrar hasta el amanecer, y para entonces los Golondrinas estarían de regreso.
En ese mismo instante oyó los fuertes gritos de las amazonas en el otro extremo de la isla.
«¡Golondrinas a la vista! ¡El capitán John!»
Las voces se acercaban. Las amazonas estaban volviendo.
Justo en ese momento, Titty tuvo su ocurrencia.
Al fin y al cabo, no importaba cuál de los Golondrinas capturaba a la Amazona. Y ahí estaba la Amazona, desprotegida. ¿Por qué no?
En un momento Titty estuvo de pie en la playa, y poco después ya iba a flote, sacando a remos la Amazon de popa por la orilla de las grandes rocas para sacarla del puerto. Luego sacó su linterna, y la encendió el tiempo justo para encontrar los remos. No eran del todo como los remos de la Swallow, pero podía apañárselas con ellos. Se puso de pie en la popa de la Amazon para remar, sin quitar los ojos de las dos luces que ella misma había encendido. Recordó que, pasara lo que pasase, tenía que mantener las dos luces alineadas, una encima de otra. De vez en cuando se desviaban a pesar de todo lo que hacía, aunque se apañaba bastante bien, a pesar de que la poza y la vela arriada con su botavara y su pico estorbaban horriblemente. No chocó con nada duro en absoluto, y apenas había sacado el barco pirata de popa y libre de las rocas cuando la vela de uno de los faroles parpadeó y se apagó. >